Centinelas en las murallas

“Jerusalén, en tus murallas yo he puesto guardias que día y noche dirán: ‘Ustedes, los que adoran a Dios, no se queden callados. No le den a Dios ni un minuto de descanso, hasta que reconstruya Jerusalén y la haga una ciudad famosa’” (Isaías 62:6,7).

Bien sabes que no existe tregua para quienes estamos en la brecha. Desde tu posición en el frente de batalla alienta al pueblo a orar sin desmayar. Sus oraciones han de movilizar a Dios y a todo su ejército en favor de tu amada y necesitada ciudad.

Un adorador no puede permanecer callado mientras el pecado, la maldad, la corrupción y la injusticia devoran a su pueblo. Los tiempos actuales son peligrosos. No te dejes arrullar por la pereza ni coquetees con la sensualidad. Estás inmerso en una guerra sin cuartel, tus enemigos son numerosos y poderosos, y está en juego la salvación de millones de personas.

Amado líder, moviliza a tu gente y levanta centinelas sobre tu ciudad. Los guardianes más eficaces son aquellos que oran sin cesar hasta que la justicia verdadera, la divina, se establezca como un firme cimiento en la ciudad.

No descanses hasta que se tenga a tu pueblo como ejemplo de rectitud.

Muchas de nuestras ciudades están en boca de propios y extraños, mas no como modelo de santidad sino como puerta a la impiedad. Mientras esta situación persista, los centinelas precisan luchar en oración y solo podrán descansar cuando el río de Dios haya acabado con la suciedad de la sociedad y se manifieste en la población la sobriedad. Resta mucho por hacer, no desmayes.

Una ciudad sin centinelas es una ciudad en peligro. Sigue orando para que Dios complete su obra. Si la antigua y malvada Nínive se arrepintió, ¿no podrán arrepentirse las actuales Nínives?

Cuando en la iglesia se instala la pasividad, en la ciudad gobierna la iniquidad.

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