La palabra compromiso se relaciona con una promesa, una obligación contraída, o una palabra dada. Compromiso se asocia a obligación más que a derecho, a aportación más que a recepción, y a entrega más que a recogida. La persona comprometida queda ligada a alguien o a algo. En ocasiones no hace falta que medie un documento. La palabra dada es rúbrica suficiente para formalizar un sólido y duradero compromiso. Las personas muestran la calidad de sus principios por la firmeza de sus compromisos.

La persona comprometida es cumplidora, se entrega, cumple, no defrauda, aunque en ocasiones falle. Aporta más soluciones que problemas, y siempre está dispuesta a recorrer una milla extra.

Todo funciona mejor cuando un compromiso se halla presente. El compromiso es vital en cada área de la vida. Los matrimonios no funcionan sin un compromiso mutuo. Él se compromete con ella y ella se compromete con él. Luego, ambos tienen hijos y entonces el compromiso se ramifica, se extiende. Ahora son dos personas comprometidas que se comprometen con sus hijos. Cuando estos crecen y comprenden el significado de algunos aspectos y valores de la vida, se comprometen a su vez con sus padres. Se comprometen a amarlos, respetarlos, honrarlos, cuidarlos. Con el tiempo extienden esa honra y compromiso a sus profesores. Han aprendido lo que es el respeto a las autoridades paternas y saben extenderlo a otras autoridades. Al entregar honra y compromiso, reciben honra y compromiso. Como están comprometidos con el compromiso, se comprometen con la empresa, con sus jefes, con sus compañeros, con sus amigos. Tal vez logren ser empresarios y entonces se mantendrán comprometidos con unos principios éticos que generarán una prosperidad integral.

Todo es mejor cuando las personas comprenden el significado y la importancia del compromiso. Todo puede crecer con compromiso; todo puede menguar sin compromiso.

Una de los párrafos más emotivos de las Sagradas Escrituras guarda relación con el amor, la compasión, la lealtad y el compromiso. Con ella concluyo esta breve reflexión.

“No me pidas que te deje; ni me ruegues que te abandone. Adonde tú vayas iré, y donde tú vivas viviré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios. Donde tú mueras moriré, y allí mismo seré enterrada. Que Dios me castigue si te abandono, pues nada podrá separarnos; ¡nada, ni siquiera la muerte!” (Rut 1:16,17 TLA).


Imagen cortesía de Annie Spratt

Annie Spratt

Comprometidos con el compromiso
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