Existen dos tipos de individuos: los que tienen problemas y los problemáticos –esos que nada más salir de un embrollo se buscan otro–. Albert Einstein definió así a las personas maduras: Las que a pesar de sus problemas son capaces de ayudar a otros a resolver los suyos.

Algunas personas no tienen rejas pero viven en oscuras y tortuosas mazmorras. Otras, contrariamente, y pese a sus limitaciones, experimentan una constante libertad interior. Los problemas se agigantan o decrecen dependiendo de nuestras reacciones ante ellos.

Nacido en Tel Aviv el 31 de agosto de 1945, Itzhak Perlman es considerado como uno de los mejores violinistas de la segunda mitad del siglo XX. Este excelente músico suele tocar su instrumento sentado, pues una poliomielitis sufrida cuando tenía cuatro años, le afectó de tal modo, que tiempo después precisó usar muletas para caminar. Esa circunstancia convierte el llegar hasta el escenario en una penosa labor. El 18 de noviembre de 1994 se disponía a dar un concierto en el Avery Fisher Hall, del Lincoln Center, en la ciudad de Nueva York. Durante su interpretación una de las cuerdas de su violín se rompió. Percatándose del hecho, los presentes esperaban ver cuál sería su reacción. Perlman detuvo la música unos segundos, cerró sus ojos, hizo una señal al director, y reanudó su interpretación con tanta pasión como jamás lo había hecho antes ¡y con una cuerda menos! Aquel hombre logró que un violín con tres cuerdas sonara como uno completo. Al terminar, la gente se puso en pie y estalló en júbilo, aplaudiendo con toda su alma. Perlman sonrió, se secó el sudor, y con una gran sobriedad exclamó: “¿Saben? Algunas veces la tarea del artista es descubrir cuánta música puede hacer con lo que aún le queda”.

Una de las principales asignaturas que habrás de superar es la de dar de ti a otros cuando estés atravesando situaciones adversas. Tendrás que aprender a hacer música con lo que tienes. La lástima propia, amiga íntima del egoísmo, es una gran adversaria de todo sueño, pues ciertas dificultades empujan al aislamiento y a una dañina introspección. Si a pesar de ello logras levantar la mirada para ver a otros que también sufren y, obviando tu situación, decides ayudarles, darás un gran salto hacia la madurez y recibirás la bendición de Dios por tu actitud y disposición.

Hallamos un claro ejemplo de actitud desprendida en una de las cartas del apóstol Pablo: “Ahora quiero que sepan, amados hermanos, lo que Dios, en su bondad, ha hecho por medio de las iglesias de Macedonia. Estas iglesias están siendo probadas con muchas aflicciones y además son muy pobres; pero a la vez rebosan de abundante alegría, la cual se desbordó en gran generosidad. Pues puedo dar fe de que dieron no solo lo que podían, sino aún mucho más. Y lo hicieron por voluntad propia. Nos suplicaron una y otra vez tener el privilegio de participar en la ofrenda para los creyentes de Jerusalén” (2 Corintios 8:1-4).

Resulta curioso observar como algunos navegantes se ahogan en aguas tranquilas, mientras otros sobreviven a todo tipo de tormentas. La actitud marca la diferencia. Hemos de salir de nuestro yo para poder servir a ellos (­en inglés podemos ilustrarlo así: escribe en mayúsculas un “ME” ­–yo– y gíralo para obtener un “WE” –nosotros–). Nuestra vida debe dar un giro del enfermizo egoísmo al correcto compañerismo.

Si Dios añadió sentido a tu vida, aporta significado a otras vidas. La cruz tiene forma de suma, y es que Jesús vino para añadir propósito a quienes aún no lo han encontrado. Añade valor a la gente en un mundo donde la resta y la división son las operaciones más comunes.

Para conquistar tus sueños necesitas aprender a dar sin importar la situación por la que estés atravesando. Una excesiva dosis de amor propio puede causarte un empacho duradero. Antes de conquistar el mundo debes conquistarte a ti mismo.

Tomado del libro El hombre que rehusó morir antes de tiempo.

Dar a pesar de tu situación
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