Eres lo que escuchas

Se cuenta que un grupo de ranas iba atravesando un bosque, cuando dos cayeron en un profundo hoyo. El resto se reunió alrededor del agujero y, tras observar su profundidad, gritaron a sus compañeras para que se dieran por muertas. Estas, enfocadas en sobrevivir, trataban de saltar con todas sus fuerzas, aunque sus amigas daban la misión por perdida. Finalmente, una de las ranas se dio por vencida y, haciendo caso a las demás, se dejó caer al suelo y murió. Pese a ello, la otra continuó saltando tan fuerte como pudo hasta que alcanzó la libertad. Resulta que el batracio era sordo, y al ver el jaleo que mostraban sus compañeras, creía que la estaban animando a luchar.

Muchos grandes sueños yacen inertes y fríos por no haber cerrado los oídos.

Las palabras tienen poder para engendrar vida o para guiar a la muerte. Leemos en Proverbios 12:18 TLA: “El que habla sin pensar hiere como un cuchillo, pero el que habla sabiamente sabe sanar la herida”.

En la NASA, hay un poster de una abeja que dice así: “Aerodinámicamente el cuerpo de una abeja no está hecho para volar, lo bueno es que la abeja no lo sabe”.

En ocasiones, solo logra volar, quien logra sus oídos cerrar. Cierra tus oídos al desaliento y toma aliento. Cierra tus puertas al negativismo y sé tu mismo. No sigas caminando con el malvado, y échale a un lado. Abre tus oídos a la fe, a la esperanza, al amor. Somos lo que creemos y aquello a lo que atendemos.

No seas bobo, escucha al pastor y no al lobo.


Imagen cortesía de:

unsplash-logoBen White

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.