¿Cómo sería nuestro mundo si aplicáramos las enseñanzas de Jesús? ¿Abundarían el odio, el rencor, la envidia, los celos o el engaño?

Estudiemos algunos episodios de la vida del Señor con el fin de extraer lecciones valiosas, aplicables a nuestras relaciones personales.

Jesús y las relaciones humanas. 12 enseñanzas prácticas.

1. Que tu sí sea sí y tu no sea no.

“Cuando ustedes digan ‘sí’, que sea realmente sí; y, cuando digan ‘no’, que sea no” (Mateo 5:37 NVI).

Faltar a la palabra dada, quedar con alguien y no presentarse o llegar más tarde de la hora convenida, prometer hacer algo y no hacerlo… Tales actitudes deterioran gravemente las relaciones humanas. Cuando persisten, la confianza es erosionada y la relación pierde calidad.

Sé responsable y consecuente con tus creencias. No defraudes a nadie. Respecto a los maestros de la ley y los fariseos, Jesús advirtió a la gente y sus discípulos: “No sigan su ejemplo, porque ellos dicen una cosa y hacen otra” (Mateo 23:3 DHH).

2. Renuncia a controlar lo que está fuera de tu control.

“Al volverse, Pedro vio que detrás venía el discípulo a quien Jesús quería mucho, el mismo que en la cena había estado a su lado y le había preguntado: ‘Señor, ¿quién es el que te va a traicionar?’ Cuando Pedro lo vio, preguntó a Jesús: —Señor, y a éste, ¿qué le va a pasar? Jesús le contestó: —Si quiero que él permanezca hasta que yo vuelva, ¿qué te importa a ti? Tú sígueme (Juan 21:22-22 DHH).

¿Cómo te sentirías si Jesús te dijera: “¿A ti que te importa? Métete en tus asuntos”. Para evitarlo, es mejor que te ocupes de aquello que está dentro de tu control. El resto de los asuntos déjaselos a Jesús.

3. No hables mal de nadie, ni siquiera de tus enemigos.

“Ustedes también han oído que se dijo: ‘Ama a tus semejantes, pero odia a tus enemigos’. Pero yo les digo que amen a sus enemigos y pidan en sus oraciones por los que los persiguen. De esta forma, ustedes serán hijos de su Padre que está en el cielo. Él hace que el sol salga tanto para los malos como para los buenos y que la lluvia caiga tanto para los justos como para los injustos. Si ustedes solamente aman a los que los aman, ¿creen que merecen alguna recompensa por eso? Incluso los cobradores de impuestos aman a sus amigos. Y si ustedes sólo son buena gente con sus amigos, ¿creen que están haciendo algo fuera de lo común? Hasta los que no conocen a Dios son así. Por eso, sean ustedes perfectos, así como su Padre que está en el cielo es perfecto” (Mateo 5:43-48 PDT).

Sí, has leído bien; Dios regala su sol y su lluvia a la gente mala. Si él es bueno con los malos, ¿por qué tú eres tan malo como los malos?

4. Perdona toda ofensa.

“Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas” (Mateo 6:14,15 RVR 1960).

¿Acaso eres perfecto? ¿Jamás cometes errores? ¿Nunca te has equivocado? ¿Qué derecho tienes a guardar rencor?

Cuando perdonas las ofensas de otros, inmediatamente se abren las puertas de tu prisión emocional y logras disfrutar la libertad con que Cristo te hizo libre. Alguien dijo que guardar rencor es como tomar veneno y esperar a que tu enemigo reviente. Libérate del odio. Perdona como Cristo te perdona: ¡sin reservas!

El perdón no tiene que ver con el corazón (si sientes hacerlo o no), sino con la fuerza (la voluntad), y la fe (la obediencia a los mandamientos de Jesús).

5. Ámate a ti mismo. El amor hacia ti será la medida del amor hacia tu prójimo.

“—Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la ley? Jesús le dijo: —‘Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente’. Éste es el más importante y el primero de los mandamientos. Pero hay un segundo, parecido a éste; dice: ‘Ama a tu prójimo como a ti mismo’. En estos dos mandamientos se basan toda la ley y los profetas” (Mateo 22:36-40 DHH).

Existen dos tipos de personas: quienes tienen problemas y quienes los generan. Cada vez que me encuentro con un individuo problemático, sé una cosa: No se ama lo suficientemente a sí mismo. La gente que se valora, pese a sus imperfecciones, es feliz y esparce su felicidad como el rocío. Un amargado es un tipo a su mal carácter atado.

6. Ora con regularidad por las personas.

“Pero yo digo: ¡ama a tus enemigos! ¡Ora por los que te persiguen!” (Mateo 5:44 NTV).

Todo argumento adverso, que las circunstancias lleguen a levantar como muro entre otros y tú, será derrumbado fácilmente por las obras justas y el tornado de la oración. Cuánto más cerca estés del corazón de Dios, más cerca estarás del sufrimiento de la gente. Si quieres ver transformada tu nación, disminuye la queja e incrementa tu oración.

7. No imites el mal ejemplo de otros.

“Entonces los discípulos de Jesús se acercaron y le dijeron: —A los fariseos no les gustó lo que dijiste. Jesús respondió: —Mi Padre tratará a los fariseos como trata el jardinero a las plantas que no ha sembrado: las arranca de raíz y las echa fuera. No hagan caso de los fariseos: son como el ciego que guía a otro ciego, y si un ciego guía a otro, los dos terminan cayéndose en una zanja” (Mateo 15:12-14 TLA).

Si sigues a un invidente, donde acabarás será evidente. Hay muchos enseñantes que ni siquiera califican como estudiantes. ¿Eres fácilmente influenciable por personas de dudosa reputación? ¿Te dejas llevar por gente inmoral? ¿No te atreves a decir ¡no!? Un dicho cubano dice que quien se hace daño no es quien empuja, sino quien se deja empujar. La Biblia nos proporciona un sabio consejo por medio del apóstol Pablo: “Pónganlo todo a prueba, pero quédense nada más con lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21 TLA).

8. No desempeñes roles que no te competen.

“Entonces alguien de la multitud exclamó: —Maestro, por favor, dile a mi hermano que divida la herencia de nuestro padre conmigo. Jesús le respondió: —Amigo, ¿quién me puso por juez sobre ustedes para decidir cosas como esa?” (Lucas 12:13,14 NTV).

Muchas personas se sienten en la obligación de proporcionar respuestas a todas las preguntas que se les formulan. Pero el sabio, sabe callar, y, “hasta el tonto pasa por sabio si se calla y mantiene la calma” (Proverbios 17:28 TLA).

Debes diferenciar cada ocasión. A ciertas personas conviene entregarles nuestro conocimiento, pero ante otras conviene pasar de puntillas y continuar sin demora para no enredarnos en problemas ajenos.

“Como el que toma un perro por las orejas, así es el que pasa y se entremete en contienda que no es suya” (Proverbios 26:17 LBLA).

“Pero ustedes no deben pretender que la gente los llame maestros, porque todos ustedes son hermanos y tienen solamente un Maestro. Y no llamen ustedes padre a nadie en la tierra, porque tienen solamente un Padre: el que está en el cielo. Ni deben pretender que los llamen guías, porque Cristo es su único Guía. El más grande entre ustedes debe servir a los demás. Porque el que a sí mismo se engrandece, será humillado; y el que se humilla, será engrandecido (Mateo 23:8-12 DHH).

9. No seas inoportuno.

“—¿Quién de vosotros que tenga un amigo, va a él a medianoche y le dice: ‘Amigo, préstame tres panes, porque un amigo mío ha venido a mí de viaje y no tengo qué ofrecerle’; y aquél, respondiendo desde adentro, le dice: ‘No me molestes; la puerta ya está cerrada y mis niños están conmigo en cama. No puedo levantarme y dártelos’? Os digo que, si no se levanta a dárselos por ser su amigo, al menos por su importunidad se levantará y le dará todo lo que necesite (Lucas 11:5-8 RVR 1995). En lugar de la expresión importunidad, la Biblia DHH (Dios Habla Hoy) emplea el término impertinencia.

Aunque en esta parábola Jesús enseña acerca de la oración, y las costumbres de su época no eran como las de ahora, mencionó la importunidad que representaba visitar una casa a medianoche.

Algunas personas no respetan la intimidad de otras. Sin justificación se presentan en casa ajena a horas intempestivas, al llamar por teléfono no preguntan a su interlocutor si están disponibles para mantener una conversación, o simplemente se acomodan en casa de sus amigos y no hay forma de que se vayan.

Considera este sabio consejo: “No pongas con exceso tu pie en la casa de tu vecino, no sea que, harto de ti, te aborrezca” (Proverbios 25:17 RVR 1995).

Eres un enviado, no actúes como un pesado. Respeta la intimidad de las familias, sus horarios y costumbres.

10. Salvo justificadas ocasiones, no tomes decisiones por otros ni hables en su nombre, poniéndolos en un compromiso.

“Cuando Jesús y sus discípulos llegaron al pueblo de Cafarnaúm, los que cobraban el impuesto para el templo fueron a preguntarle a Pedro: —¿Paga tu maestro el impuesto para el templo? Pedro contestó: —Sí, lo paga. Cuando Pedro entró en la casa donde estaban todos, Jesús le habló primero y le dijo: —Dime, Pedro, ¿a quiénes cobran los reyes impuestos y contribuciones? ¿A los ciudadanos de su reino, o a los extranjeros? Pedro contestó: —A los extranjeros. Jesús dijo: —Entonces, los ciudadanos del reino no tienen que pagar impuestos. Sin embargo, para que estos cobradores no se enojen, ve al mar y echa tu anzuelo. Ábrele la boca al primer pez que saques, y allí encontrarás una moneda. Toma ese dinero, y paga mi impuesto y el tuyo” (Mateo 17:24-27 TLA).

El impetuoso Pedro se metió en más de un lío por no templar su carácter. El problema es que involucró a Jesús, quien, más tarde, le mostraría, con su amor y paciencia de Maestro, el camino correcto.

Respeta la independencia e intimidad ajenas. No te erijas portavoz de otros. Puedes acabar metido en un follón morrocotudo o perjudicando a tus mejores amigos.

11. No tengas en menos a nadie.

“En ese momento llegaron los discípulos de Jesús, y se extrañaron de ver que hablaba con una mujer. Pero ninguno se atrevió a preguntarle qué quería, o de qué conversaba con ella” (Juan 4:27 TLA).

“Algunas madres llevaron a sus niños para que Jesús pusiera sus manos sobre ellos y orara. Pero los discípulos las regañaron. Entonces Jesús les dijo a sus discípulos: ‘Dejen que los niños se acerquen a mí. No se lo impidan; porque el reino de Dios es de los que son como ellos’. Jesús puso su mano sobre la cabeza de cada uno de los niños, y luego se fue de aquel lugar” (Mateo 19:13-15 TLA).

Jesús valoró a las personas. Las amó, pues las veía como ovejas sin pastor. No rechazó a nadie. Honró a la mujer, a los padres, a los niños, a los extranjeros, a los invasores romanos, a la prostituta arrepentida, a Zaqueo, el jefe de los cobradores de impuestos dispuesto a dar la mitad de sus posesiones a los pobres y, de haber robado algo, a devolver cuatro veces esa cantidad.

Jesús fue diferente porque amó al diferente. Nuestro mundo crea guetos y levanta muros, pero Pablo escribió de nuestro Señor: “Cristo nos ha dado la paz. Por medio de su sacrificio en la cruz, Cristo ha puesto fin al odio que, como una barrera, separaba a los judíos de los que no son judíos, y de dos pueblos ha hecho uno solo” (Efesios 2:14 TLA).

Derriba muros, construye puentes; abraza a los diferentes.

12. Vive constantemente “la regla de oro”.

“Así que, traten a los demás como les gustaría que los trataran a ustedes. Ese es el verdadero significado de la ley y de la enseñanza de los profetas” (Mateo 7:12 DHH).

Un mundo bien distinto al que nos asomamos sería posible si las personas integraran las enseñanzas del mejor líder de la historia.

¿Puedes decir como el apóstol: “¡Hágannos un lugar en su corazón! Con nadie hemos sido injustos. ¿A nadie hemos dañado, ni de nadie nos hemos aprovechado”? (San Pablo en 2 Corintios 7:2 TLA).


Imagen cortesía de David Calderón en Unsplash.

Jesús y las relaciones humanas
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