Me disponía a saborear un café con leche cuando el camarero se acercó para obsequiarme una galleta, de esas que resultan tan duras como sabrosas. Liberé mi galleta de su envoltorio y la sumergí casi entera en mi café. Cuando estaba a punto de introducirla en mi boca, se ablandó y se precipitó sobre el café con leche salpicando y ensuciando mi camisa. ¿Te resulta familiar la situación?

En contacto con el café, la galleta perdió su dureza, convirtiéndose en un problema para mí.

Según el DRAE, influencia es la posibilidad que tiene una persona o un grupo de alterar o condicionar el comportamiento ajeno.

A veces nos comportamos como la galleta. Al entrar en contacto con ciertas personas, ambientes o circunstancias, modificamos nuestra naturaleza. Perdemos esa esencia original y dureza frente a la maldad, y nos volvemos blanditos. Como la galleta, acabamos inclinándonos y, como resultado de la pérdida de dureza, nos precipitamos al suelo. Es debido a esa caída que dañamos a otros, ensuciando su buen nombre o afectando su buena imagen.

Aquella inocente y dulce galleta, creada para aportar sabor, terminó siendo un problema (no te imaginas el pedazo de mancha que formó en mi camisa).

Conociendo que la humildad, la serenidad y la autoevaluación protegen la vida, ¿qué tal si evalúas hoy tu situación? ¿Eres aportador o sueles restar y dividir? Aunque fuiste creado para dar sabor, ¿estás amargando a otros? ¿Tu comportamiento es fruto de alguna mala influencia? ¿Existe algo o alguien que están influenciando negativamente tu vida y te han convertido en aquella persona que jamás deseaste ser? Pueden ser agentes externos o internos (la propia maldad del corazón). De ser así, ¿qué harás al respecto? ¿Qué decisiones estás dispuesto a tomar para retomar el camino del bien? Por el hecho de rodearte de personas de dudosa moralidad, ¿crees que acabarás siendo como ellas? No es cierto. Estar rodeado de malhechores no tiene que condicionar tus decisiones.

Querido lector, ¿en qué te has convertido? Aún puedes volver atrás. Solo tendrás que ser valiente y decidido; listo para soltar algo o a alguien, para abrazar lo nuevo.

Por cierto, aquel día aprendí a ser cuidadoso con las galletas. Aquello que en apariencia parece dulce e inofensivo, puede acarrear más de un inconveniente.


Imagen cortesía de Christina Branco en Unsplash