Todos podemos sufrir un imprevisto que nos impida llegar a tiempo a las citas, pero cuando retrasarse es más norma que excepción, la cosa cambia.

  • ¿Llegas a tiempo a la escuela o a tu puesto de trabajo? Si la respuesta es negativa, ¿qué te hace llegar tarde? Si la respuesta es afirmativa, ¿cómo logras llegar a tiempo?
  • ¿Asistes puntualmente a las actividades que se programan en la iglesia? Si sueles llegar a tiempo al trabajo y tarde a la iglesia, deberías preguntarte por qué.
  • ¿Qué medidas puedes implementar para erradicar ese mal hábito?
  • ¿Qué mensaje transmites a otros con tu impuntualidad?
  • ¿Cómo te sientes cuando alguien llega tarde a la cita o no se presenta? ¿Cómo crees que deben sentirse aquellos con quienes te has citado, cuando no llegas a tiempo?

Un Dios excelente merece líderes con actitudes y comportamientos excelentes, o sea, puntuales. Quien respeta el trono de Dios respetará el crono de los hombres. El buen líder no coquetea con el mal hábito de la impuntualidad.

Muchas personas al cabo del año son despedidas de sus trabajos por causa de su informalidad. El impuntual es un mal modelo que origina serios trastornos a su gente. Procura ser puntual, iniciando las reuniones a la hora establecida. Si retrasas las reuniones esperando a los tardones, dañarás los corazones (de los puntuales). No es inteligente honrar al negligente y fastidiar al diligente.

Actúa con seriedad en este asunto. No admitas excusas ni consientas en los miembros de tu equipo retrasos constantes e injustificados. Mantén alta la excelencia y ella te mantendrá en alto a ti.

Exige que quien vaya a llegar tarde lo comunique con antelación. Retrasarse o no presentarse, es una falta de respeto y muestra la fragilidad del compromiso.

Un líder impuntual pronto cae del pedestal. Dios busca dirigentes diligentes.


Imagen cortesía de Shamim Nakhaei en Unsplash.