La idea central tras la ley de Murphy es que si algo puede salir mal, saldrá mal. Aunque estas leyes o declaraciones se basan en hechos observables y que a menudo experimentamos (¿a quién no se le ha caído la tostada del lado de la mantequilla?), la realidad nos muestra que no siempre se complican las cosas. Muchas de estas leyes son divertidas y más de una nos resultará familiar. Por ejemplo:

  • Si la mantequilla es dura, la tostada será frágil.
  • Los aparcamientos aparecen cuando ya no los necesitas.
  • No importa lo que salga mal, siempre encontrarás quien, después, te diga que sabía como evitarlo.
  • Los que viven más cerca son los últimos en llegar.
  • Si tienes papel, no tendrás bolígrafo, si tienes bolígrafo, no tendrás papel; y si tienes papel y bolígrafo, no necesitarás escribir nada.
  • La duración de un minuto depende del lado de la puerta del cuarto de baño en que te encuentres.
  • Si se cambia de cola, la que acabas de dejar avanzará más rápido.
  • Siempre que llegas puntual a la cita no hay nadie allí para comprobarlo, y si por el contrario llegas tarde, todo el mundo habrá llegado antes que tú.
  • Sea lo que sea lo que necesites, ese algo siempre está al final de tu mochila.
  • Cuando tienes prisa por entrar en casa, introduces todas las llaves menos la indicada, que, casualmente, siempre es la última.

Imagino que habrás soltado alguna carcajada. Pese a lo divertido y en más de una ocasión acertada situación, nunca deberías caer en el derrotismo en el que se han instalado miles de personas. Aunque vivas situaciones complicadas, la esperanza y la fe siempre generan el impulso para avanzar. La imaginación y la creatividad te ayudarán también a idear soluciones a los problemas que surgen a diario.

La Biblia es un manual de fe que acaba con el pesimismo más recalcitrante. Aunque estas leyes resulten divertidas y se basen en experiencias reales, no tienen porque ser un reflejo de tu vida.

Si vives instalado en el catastrofismo, catástrofes recibirás.

La ley de Murphy
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