Existe un dicho conocido por muchos y tenido en cuenta por pocos: “Lo barato sale caro”.

La gran mayoría de sucesos, catalogados como accidentes, son el resultado del descuido, la falta de inversión, o la malversación. Existen muchos ejemplos. Tal es el caso de la persona que instala en su vehículo unos neumáticos de dudosa calidad, aunque más económicos, de los directivos de una compañía que deciden ahorrar costes en materia de seguridad, o de la constructora que utiliza materiales de poca calidad para incrementar su margen de beneficios. En el ámbito doméstico podríamos poner como ejemplo al dueño de una casa que emplea materiales baratos y de mala calidad, y luego se queja cuando las humedades y las enfermedades derivadas de las mismas, hacen su aparición.

Tal vez no cuentes con los recursos necesarios para adquirir el mejor coche, pero la buena noticia es que todos podemos pagar el precio de edificar una vida exitosa. Con todo, son miles los que invierten poco esfuerzo en sus acciones y hábitos diarios. Esa es la razón por la que experimentan la ruina mental, emocional, familiar, social, espiritual y financiera.

La Biblia enseña que algunas personas toman malas decisiones y, ante sus malas cosechas, se vuelven contra Dios, responsabilizándolo por sus desgracias. Bien fue dicho que el sentido común es el menos común de los sentidos.

Cuánto se parecen las tragedias de las vías a las tragedias de las vidas. Tenidas por accidentes, resultan incidentes producidos por malas decisiones o escasas inversiones. No invertir lo suficiente en uno mismo, en el cónyuge, en los hijos, en la familia, en la salud, en la amistad, en Dios, invoca a la catástrofe.

Fuiste dotado de libre albedrío; tú decides si construirás tu vida con esfuerzo o serás de los que toman atajos.

Recuerda las palabras iniciales: “Lo barato sale caro”.

Lo barato sale caro
Valora esta entrada.