“Así reprimió David a sus hombres con palabras, y no les permitió que se levantasen contra Saúl. Y Saúl, saliendo de la cueva, siguió su camino” (1 Samuel 24.7).

¿Qué opinaba el apóstol Santiago de la lengua? “Es una de las partes más pequeñas de nuestro cuerpo, pero es capaz de hacer grandes cosas. ¡Es una llama pequeña que puede incendiar todo un bosque!” (Santiago 3:5 TLA). ¿Y de las palabras? “Las palabras que decimos con nuestra lengua son como el fuego. Nuestra lengua tiene mucho poder para hacer el mal. Puede echar a perder toda nuestra vida, y hacer que nos quememos en el infierno” (Santiago 3:6 TLA).

El fuego tiene el potencial de propagarse veloz, llevando destrucción y muerte por doquier. El fuego que no se extingue, se extiende. Unos se dedican a extinguir fuegos y otros a extenderlos. Ambas acciones, extinguir y extender, se producen por medio de las palabras. Chisme y chispa son palabras bien parecidas. Sabido es que “sin leña se apaga el fuego; sin chismes se acaba el pleito” (Proverbios 26.20 NVI). El chismoso tiene la capacidad de hacer saltar las chispas que provocan grandes fuegos, afectando vidas y relaciones. El libro de Proverbios enseña: “Honra es del hombre abandonar la contienda, pero cualquier insensato se enreda en ella” (Proverbios 20.3).

En el libro de Daniel hallamos a Sadrac, Mesac y Abed–nego en el interior de un horno de fuego, pero, tal y como relata el capítulo 3: “No había tenido poder alguno sobre sus cuerpos y ni aun el cabello de sus cabezas se había quemado; sus ropas, intactas, ni siquiera olor de fuego tenían”. Quienes intiman con el Espíritu del Dios Santo, difícilmente son afectados e infectados por el fuego del chisme, las murmuraciones, las críticas, y cualquier otro tipo de palabras deshonestas. Una chispa afecta a las hojas secas, pero no tiene efecto alguno sobre los verdes árboles plantados junto a corrientes de agua. Los chismosos queman a los creyentes secos, pero no tienen efecto alguno sobre los vigorosos en la fe. Fe y carácter son dos valiosos antídotos contra el fuego que provocan las malas palabras.

Reprimir significa “contener, refrenar un impulso o un sentimiento”. ¿Cómo contuvo David a sus hombres? “… Reprimió David a sus hombres con palabras”. David actuó como un pacificador empleando palabras. El lenguaje puede extender fuegos o extinguirlos, iniciar una guerra o contribuir a la paz. El mundo persigue incansable el oro y las piedras preciosas, pero descuida el valor de las palabras. “Hay oro y multitud de piedras preciosas, pero joya más preciosa son los labios prudentes” (Proverbios 20.15).

El libro de Proverbios contiene numerosos versículos relacionados con el modo de hablar. Leer cada día un capítulo, meditar en su contenido, y anotar tus conclusiones, puede convertirse en un valioso ejercicio que aportará vitalidad a tu vida. ¿A quién no le gustan las frases célebres? En el libro de Proverbios hallarás una gran variedad de ellas, con temáticas distintas. Tomemos como ejemplo Proverbios 20.19: “El que anda con chismes descubre los secretos: no te entremetas, pues, con el suelto de lengua”.

Proverbios 22.11 recuerda: “El que ama la pureza del corazón, con la gracia de sus labios se ganará la amistad del rey”. La versión “Dios Habla Hoy” lo expresa así: “El rey aprecia al de corazón sincero, y brinda su amistad al que habla con gracia”. ¡Qué hermosas palabras! No podrás tener la amistad del Rey de Reyes, mientras tu corazón esté cargado de mugre espiritual, y nada lo ensucia tanto como los malos pensamientos y las palabras deshonestas.

Un modo práctico de extinguir fuegos y actuar como un pacificador, es recordando y enseñando que Dios es el único juez justo, y que solo a Él le compete todo juicio. Bien es cierto que el creyente tiene la capacidad de juzgar, tal y como enseña el apóstol Pablo en su epístola a los Corintios, pero ese juzgar es aplicar la justicia contenida en la Palabra de Dios, no tu parecer en las cosas, o justicia propia.

Poner en práctica las enseñanzas de Pablo te convertirá en un pacificador y extinguidor de los grandes incendios que provocan los desatinos. Esto enseñó: “Finalmente, hermanos, piensen en todo lo que es verdadero, en todo lo que merece respeto, en todo lo que es justo y bueno; piensen en todo lo que se reconoce como una virtud, y en todo lo que es agradable y merece ser alabado” (Filipenses 4:8 TLA).

¿Eres pirómano o bombero? ¿Enciendes y extiendes fuegos, o los extingues?

Tomado del libro El lenguaje del reino. Segunda edición disponible próximamente.


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Pirómano o bombero
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