“Entonces el jefe de los coperos fue el primero en contarle su sueño a José. –En mi sueño –dijo él–, vi una vid delante de mí. La vid tenía tres ramas, las cuales comenzaron a brotar y a florecer y, en poco tiempo, produjo racimos de uvas maduras. Yo tenía la copa del Faraón en mi mano, entonces tomé un racimo de uvas y exprimí el jugo en la copa. Después puse la copa en la mano del Faraón. –El sueño significa lo siguiente –dijo José–: las tres ramas representan tres días; dentro de tres días, el Faraón te levantará y te pondrá nuevamente en tu puesto como jefe de sus coperos. Te pido que te acuerdes de mí y me hagas un favor cuando las cosas te vayan bien. Háblale de mí al Faraón, para que me saque de este lugar. Pues me trajeron secuestrado desde mi tierra, la tierra de los hebreos, y ahora estoy aquí en la cárcel, aunque no hice nada para merecerlo. Cuando el jefe de los panaderos vio que José había dado una interpretación tan positiva del primer sueño, le dijo a José: –Yo también tuve un sueño. En mi sueño, había tres canastas de pasteles blancos sobre mi cabeza. En la canasta de arriba había todo tipo de pasteles para el Faraón, pero llegaron las aves y se los comieron de la canasta que estaba sobre mi cabeza. El sueño significa lo siguiente –le dijo José–: las tres canastas también representan tres días. En tres días, el Faraón te levantará y atravesará tu cuerpo con un poste; luego las aves llegarán y picotearán tu carne. Tres días después era el cumpleaños del Faraón, quien preparó un banquete para todos sus funcionarios y su personal. Así que llamó al jefe de sus coperos y al jefe de sus panaderos para que se unieran a los demás funcionarios. Entonces restituyó al jefe de los coperos a su cargo anterior, para que volviera a entregar al Faraón su copa. Pero el Faraón atravesó al jefe de los panaderos con un poste, tal como José había predicho cuando le interpretó el sueño” (Génesis 40:9-22).

José se aventuró a decir a aquellos hombres: “Contadme vuestros sueños”, y a partir de entonces, sueños e interpretaciones se pusieron en marcha. El primero en hablar fue el copero; relató su sueño y José aportó la interpretación: “Buenas noticias amigo, dentro de tres días Faraón te restituirá y todo será tan maravilloso como antes; ánimo copero, solo faltan tres días”.

¿A quién no le satisface ejercer de mensajero de buenas noticias? José portó un mensaje de esperanza al primer hombre, pero ¿ocurriría lo mismo con el segundo? No es preciso ser valiente para decir verdades que agradan, pero sí para decir verdades que hieren. Muchos disfrutan llevando mensajes a los coperos, pero prefieren que otros se los den a los panaderos.

La verdad está siendo relegada a un segundo plano para ser sustituida por una especie de falsa prudencia y de positivismo enfermizo, en el que solo se exaltan las virtudes y el potencial de las personas y se intentan ocultar las palabras veraces, aunque necesarias. Nos encanta hablar de aquello que le gusta a la gente y no tanto de lo que necesita escuchar la gente. Nos hemos vuelto tan políticamente correctos que sin darnos cuenta nos estamos precipitando hacia la estupidez.

Para hablar la verdad se precisa valentía, sinceridad y amor, pues a nuestro mundo le sobran los mensajes centrados en una positividad que cierre los ojos a la realidad. Hoy más que nunca se precisan voceros valientes que lleven el mensaje correcto, aunque resulte impopular, pues la subjetividad devora, lenta pero inexorablemente, a la objetividad. José se atrevió a escuchar los sueños y se involucró en los asuntos de aquellos hombres; nada comparable a quien se embarca en un proyecto movido por las emociones, pero cuando llegan los malos momentos o los retos en los que se requiere arrojo, se echan para atrás. Félix María Samaniego lo expresó magistralmente:

“Desde el gran Zapirón, el blanco y rubio, que después de las aguas del diluvio fue padre universal de todo gato, ha sido Miauragato quien más sangrientamente persiguió a la infeliz ratona gente. Lo cierto es que, obligada de su persecución la desdichada, en Ratópolis tuvo su congreso. Propuso el elocuente Roequeso echarle un cascabel, y de esa suerte al ruido escaparían de la muerte. El proyecto aprobaron uno a uno, ¿quién lo ha de ejecutar? eso ninguno. ‘Yo soy corto de vista. Yo muy viejo. Yo gotoso’, decían. El concejo se acabó como muchos en el mundo. Proponen un proyecto sin segundo: lo aprueban: hacen otro. ¡Qué portento! Pero ¿la ejecución? Ahí está el cuento”.

 

¿Quién le pone el cascabel al gato?

José pudo haber mentido al panadero: “Tranquilo amigo, a ti también te irá bien”, pero así no actúa alguien comprometido con un Dios siempre veraz. El valiente no es quien no tiene temor, sino quien, a pesar del temor que tiene, decide enfrentar la situación. José le iba a augurar al panadero el peor escenario posible, y para colmo, después de darle el mensaje ¡no podría salir corriendo de allí!

Ralph Waldo Emerson decía que el miedo derrota a más personas que cualquier otra cosa en el mundo. Por su parte, Winston Churchill explicaba: “El éxito no es definitivo, el fracaso no es fatídico. Lo que cuenta es el valor para continuar”.

 

Nadie debería pelear tus batallas

Leyendo mi Biblia una mañana, descubrí las distintas formas que tenemos las personas de enfrentar las batallas trascendentes de la vida. Lee Jueces 5:14-18 y encontrarás:

  • Personas que actúan de prisa frente a sus obligaciones (a diferencia de quienes siempre se demoran ante lo urgente).
  • Personas que siempre hacen piña apoyando a otros con su presencia.
  • Personas indecisas.
  • Gente que se queda sentada (acomodadas).
  • Personas que prefieren la seguridad de sus casas cuando deberían salir a luchar.
  • Gente que se arriesga.
  • Gente contemplativa, quienes ven el espectáculo desde las gradas y no entran al terreno de juego. Suelen ser, por cierto, las personas que más gritan y critican y quienes menos actúan.
  • Los que arriesgan para lograr algo mejor para ellos y para otros.

Jamás alcanzarás tus sueños actuando como un in:

  • Inconstante.
  • Incrédulo.
  • Indeciso.
  • Indefinido.
  • Indiferente.
  • Individualista.
  • Infiel.
  • Informal.
  • Inoperante.
  • Inseguro.
  • Insoportable.
  • Intemperante.
  • Intratable.

Como vimos anteriormente, hay momentos para huir y momentos para permanecer; José supo diferenciar ambos: huyó ante la mujer de Potifar y se mantuvo en los demás. No puedes conquistar tus sueños, cuando después de comprometerte con ellos, los abandonas ante la adversidad. Dicho en las palabras del político y científico estadounidense Benjamín Franklin: “La peor decisión es la indecisión”.

Tomado del libro: El hombre que rehusó morir antes de tiempo.


 

¿Quién le pone el cascabel al gato?
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