Reflexivos o impulsivos

A la hora de adquirir un automóvil la mayoría de los mortales empleamos horas y horas para reflexionar: ¿Estética? ¿Seguridad? ¿Diésel o gasolina? ¿Tres o cinco puertas? ¿Cuántos caballos y qué cilindrada tendrá el motor? ¿Color? ¿Equipamiento completo, medio o sencillo? Luego llega el momento de contratar el seguro. ¿El mejor? ¿El más económico? ¿Cuál ofrece mejores coberturas?

Qué importante es reflexionar cuando se trata de escoger el vehículo que transportará a nuestra familia. ¿No es acaso importante su seguridad? Lo mismo podríamos decir al cambiar de vivienda, escuela o trabajo. Gran parte de nuestra vida la pasamos “dándole vueltas al coco”. ¿Será por eso que nos tenemos por seres reflexivos?

Sucede paradójicamente que ante otros asuntos de la vida más trascendentales no usamos demasiado la cabeza y actuamos impulsivamente. ¿La adquisición de un coche nuevo merece más reflexión que la elección de la persona con quien compartiremos los próximos años?

En el lado opuesto se hallan quienes reflexionan tanto, que extenuados por infinidad de pensamientos nunca pasan a la acción, y cometen el peor de los errores: ser meros espectadores.

En su carta a los Efesios, Pablo escribe: “No actúen sin pensar, más bien procuren entender lo que el Señor quiere que hagan”. La voluntad de un individuo es comparable a la fuerza que ejerce un mulo que arrastra un carro. En las subidas tira del carro, pero en las bajadas lo retiene para que no se descontrole. Pero tan importante como empujar es retener. Los impulsos son el empuje y la reflexión la retención. Para gozar de la vida es preciso equilibrar ambos -empuje y retención- y, sobre todo, “procurar entender lo que el Señor quiere que hagamos” (por algo lo llamamos el Señor).

Esa guerra entre hormonas y neuronas ha trastornado a más de uno. Usemos la cabeza para pensar y los oídos para escuchar las instrucciones de Dios, porque hacer su voluntad nos conduce al éxito. Alguien dijo que “el lugar más seguro de la tierra se llama voluntad de Dios“.

Si te sientes vacío reflexiona sobre tu toma de decisiones.

“Busca su voluntad en todo lo que hagas, y él te mostrará cuál camino tomar” (Proverbios 3:6).

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