1. La primera cosa que las personas necesitamos es una forma correcta de hablar.

El diccionario de la RAE define lenguaje como el “conjunto de sonidos articulados con que las personas manifiestan lo que piensan o sienten”. Nuestras expresiones son el grito de nuestros pensamientos y emociones. Las personas tenemos unos sesenta mil pensamientos a diario, y esos pensamientos se manifiestan a través del lenguaje.

Jesús dijo a los fariseos: “¿Cómo van a decir cosas buenas, si ustedes son malos? Porque si alguien es bueno, siempre dice cosas buenas, y si es malo, siempre dice cosas malas” (Mateo 12:34 TLA). La religión no cambia el corazón y por tanto el lenguaje.

Quien tiene enfermo el corazón habla mal y al hablar mal se enferma más el corazón. Es un círculo vicioso del que no todos logran salir. Cuando las emociones están heridas, el lenguaje es hiriente. Quien fue herido, puede herirse y a otros herir.

La Biblia menciona el asunto del lenguaje y su importancia, en diversos pasajes:

  • “Con su sola palabra Dios hizo los cielos, el sol, la luna y las estrellas” (Salmos 33:6 TLA).
  • “Hablar mucho es de tontos; saber callar es de sabios” (Proverbios 10:19 TLA).
  • “Las palabras del justo son como la plata refinada; el corazón del necio no vale nada” (Proverbios 10:20 NTV).
  • “El chismoso todo lo cuenta; la persona digna de confianza guarda el secreto” (Proverbios 11:13 DHH).
  • “La respuesta amable calma el enojo, pero la agresiva echa leña al fuego” (Proverbios 15:1 NVI).
  • “La lengua amable es un árbol de vida; la lengua perversa hace daño al espíritu” (Proverbios 15:4 DHH).
  • “Panal de miel son las palabras amables: endulzan la vida y dan salud al cuerpo” (Proverbios 16:24 NVI).
  • “El bruto abre la boca para meterse en líos, con lo que dice se busca problemas” (Proverbios 18:6 PDT).
  • “La boca del necio es quebrantamiento para sí, y sus labios son lazos para su alma” (Proverbios 18:7 RVR 1960).
  • “La lengua tiene poder para dar vida y para quitarla; los que no paran de hablar sufren las consecuencias” (Proverbios 18:21 TLA).
  • “Las palabras del sabio son placenteras, pero los labios del necio son su ruina” (Eclesiastés 10:12 NVI).

Unas palabras el alma guardan y otras, el alma matan

“Obedece mis palabras, hijo mío; guarda en tu mente mis mandamientos. Obedece mis mandamientos y enseñanzas; cuídalos como a las niñas de tus ojos, y vivirás. Átalos a tus dedos, grábatelos en la mente. Haz de la sabiduría tu hermana, haz de la inteligencia tu amiga. Ellas te librarán de la mujer adúltera, de la extraña de palabras seductoras” (Proverbios 7:1-5 DHH).

Atesorar unas palabras (las de Dios) nos libra del poder de otras palabras (las de la mujer adúltera). Respecto a ella leemos: “Sus palabras melosas e insistentes acabaron por convencer al muchacho, que sin más se fue tras ella: como un buey rumbo al matadero, como un ciervo que cae en la trampa y al que luego una flecha le parte el corazón; como un ave que se lanza contra la red sin saber que eso le va a costar la vida. Así pues, hijo mío, escúchame; presta atención a mis palabras” (Proverbios 7:21-24 DHH).

Pesimismo, negatividad, incredulidad, murmuración, críticas, menosprecio, deshonra, sensualidad, etc. son parte de nuestro día a día. Pero queda demostrado el poder que tienen las palabras. “Si quieres disfrutar de la vida y ver muchos días felices, refrena tu lengua de hablar el mal y tus labios de decir mentiras. Apártate del mal y haz el bien. Busca la paz y esfuérzate por mantenerla” (1 Pedro 3:10,11 NTV).

 

2. La segunda cosa que las personas necesitamos es una forma correcta de ver la vida.

Un vendedor de zapatos fue trasladado por su compañía a una zona subdesarrollada. Al ver que casi todo el mundo caminaba descalzo, mandó un informe diciendo: “Aquí tenemos muy pocas perspectivas de negocio; casi nadie usa calzado”. Tiempo después, otro vendedor fue enviado al mismo lugar; al contemplar cómo la gente caminaba descalza se puso en contacto con su oficina y les comunicó: “Aquí tenemos grandes posibilidades de negocio; casi nadie usa calzado”.

La cosmovisión es la manera en cómo contemplamos el mundo

El noruego Edvard Munch (1863-1994) pintó cuatro cuadros conocidos con el nombre de El grito. La pintura más popular fue completada en 1893 y muestra la figura de un hombre moderno durante un periodo personal de angustia y desesperación existencial. Esa profunda desesperación se expresa en su rostro y se manifiesta por medio de un grito. Se cree que, por medio de esa pintura, expresaba el autor su visión tortuosa de la vida.

Muchos tienen riquezas y salud, pero acaban poniendo fin a su existencia, destruidos por su visión de la vida. Pese a sus excesos de todo tipo, el peso de su vacío existencial los lleva a la desesperación, y esta al suicidio, el cual se ha incrementado de una forma alarmante, incluso en los países desarrollados o industrializados.

Qué maravilloso don es la capacidad de ver más allá de las circunstancias adversas, conservando la esperanza. Lamentablemente, no todos poseen esa capacidad, la visión correcta de la vida que enciende la llama de la ilusión. Muchos tienen vista pero son invidentes espirituales, porque no aprecian los colores de la vida.

 

3. La tercera cosa que las personas necesitamos es una forma correcta de soñar.

La pobreza no se relaciona solamente con la falta de dinero sino también con la carencia de sueños. Existen dos tipos de personas: quienes tienen sueño y quienes tienen un sueño; entretanto que las primeras duermen, las segundas se divierten.

Si fuimos creados con la capacidad de soñar, ¿por qué algunas personas no suelen tener sueños? En su libro Vive tu sueño, John Maxwell expone algunas razones:

  • Porque se dejan desalentar por otros individuos, y dejan de soñar. Existen muchos derribadores de sueños y asesinos de ideas.
  • Porque son estorbadas por las desilusiones y los dolores del pasado.
  • Por causa del conformismo y la mediocridad, se conforman con su estado actual y no aspiran a algo más grande.
  • Por la falta de confianza en sí mismas. Creen en otros, pero no en ellas mismas.
  • Por la carencia o ausencia de la imaginación necesaria para soñar.

Muchas de las cosas que disfrutamos hoy son los sueños que alguien tuvo ayer. Los sueños correctos involucran a otros, proporcionándoles bienestar integral. No son aquellos en los que uno sueña que es encumbrado hasta las alturas, recibiendo toda la gloria posible. El sueño correcto mantiene el corazón del soñador en la actitud correcta. Muchos soñadores acabaron siendo opresores.

 

¿Cómo podemos alcanzar el regalo de un nuevo lenguaje, una nueva visión y la capacidad de soñar?

1. Permitiendo a Dios realizar un trasplante de corazón, pues el que tenemos está muy enfermo.

“Pondré en ustedes un corazón nuevo y un espíritu nuevo. Quitaré de ustedes ese corazón duro como la piedra y les pondré un corazón dócil. Pondré en ustedes mi espíritu, y haré que cumplan mis leyes y decretos” (Ezequiel 36:26,27 DHH).

2. Anhelando que Dios insufle su aliento de vida por medio de su Espíritu.

“En los últimos días –dice Dios– derramaré mi Espíritu sobre toda la gente. Sus hijos e hijas profetizarán. Sus jóvenes tendrán visiones, y sus ancianos tendrán sueños” (Hechos 2:17).

Solo siendo llenos del Dios que habla bien, ve bien y sueña bien, podemos llegar a cambiar nuestra forma de hablar, de ver y de soñar. El Espíritu de Dios no excluye a nadie, pues capacita a todos -niños, jóvenes y ancianos-, para experimentar una nueva vida.

Las personas embriagadas del Espíritu de Dios se caracterizan por tres cosas:

  • Hablan como Dios habla.
  • Ven como Dios ve.
  • Sueñan como Dios sueña.

Solo hace falta observar alrededor para percibir cómo habla, ve y sueña la mayoría. Un ambiente que rebosa crítica, murmuración, queja, derrotismo, pesimismo exacerbado y falta de ilusión, es un ambiente donde Dios no habita.

Hay una promesa para aquellos que se atreven a llamar a Dios a través del teléfono del corazón: “Llámame y te responderé. Te haré conocer cosas maravillosas y misteriosas que nunca has conocido” (Jeremías 33:3 TLA). Esas cosas maravillosas y misteriosas esperan a quienes reconocen lo gravemente enfermos que están su lenguaje, visión y sueños, como consecuencia de haberse alejado del Dios de la vida.

Tres cosas que las personas necesitamos
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