Viejo verde

Muchas palabras acaban perdiendo su sentido original. Ejemplo de ello es “viejo verde”, considerada en nuestros días una expresión peyorativa, define al hombre de edad avanzada que mantiene una actitud lujuriosa hacia las personas más jóvenes que él, la cual le lleva al coqueteo, a emitir ciertos comentarios subidos de tono y a otras actividades reprobables.

Pero la historia muestra que en sus orígenes esta expresión tuvo un significado bien distinto. En latín, el adjetivo verde era viridis, relacionado con el vigor. Se tenía en mente la imagen de una planta o árbol llenos de savia. Quien era calificado por entonces como viejo verde, estaba recibiendo un sincero elogio, pues se subrayaba la vitalidad de quien, pese a su ancianidad, mantenía el vigor típico de la juventud. No fue sino hasta el siglo XVIII que esta bella expresión comenzó a usarse despectivamente.

En la Biblia hallamos algún que otro viejo verde, hombres de edad avanzada con la fuerza de un chaval. Caleb fue uno de ellos. A sus 85 años salió a conquistar su tierra y confesó sentirse con la misma fuerza que manifestaba a los cuarenta (Josué 14:11).

Las Escrituras afirman que los ancianos cercanos al corazón de Dios producirán fruto y seguirán verdes y llenos de vitalidad (Salmo 92:14). Pese a esta promesa, algunos individuos comienzan a adoptar una actitud derrotista a partir de cierta edad.

La neurogénesis es el proceso por el que se generan nuevas neuronas. Años atrás se hablaba de la muerte de las neuronas, pero hoy sabemos que estas generan nuevas neuronas, de modo que el cerebro está preparado para todo si mantenemos unos hábitos de salud básicos, (alimentación adecuada, ejercicio físico regular, abstenerse de sustancias nocivas, etc.). El cerebro está diseñado para rendir con efectividad hasta nuestros últimos días. Se acabaron las excusas para exclamar: “Ya soy viejo para esto…”.

El profeta Joel advirtió que durante el futuro derramamiento del Espíritu ¡los ancianos soñarían sueños! (Joel 2:28). Dios tiene planes no solo para los niños, los jóvenes o los adultos. Aunque hayas acumulado unos cuantos añitos no te pongas límites. No hagas caso a tu cabeza o a las opiniones mayoritarias, sino a tu Dios, quien aumenta tus fuerzas como las del búfalo (Salmo 92:10).

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